“Permanecer también es un acto de valentía”. Con esa convicción se presenta Ana Caterine Gómez Pérez, estudiante de Ingeniería Administrativa de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín, quien hoy cursa su séptima matrícula y ha encontrado en la vida universitaria un espacio para crecer, liderar y reafirmar su voz.

Catherine creció rodeada de mujeres: su mamá, su hermana, sus tías y sus primas. De ellas aprendió a reconocerse, a confiar en sí misma y a comprender que sentirse bien con quien es, resulta fundamental para relacionarse con los y las demás. Esa red fue el primer lugar donde empezó a construirse como mujer.
Cuando llegó a la universidad lo hizo con miedo. Temía no encontrar su lugar o no ser comprendida. Pero con el tiempo entendió que la vida universitaria también se trata de adaptarse, de abrirse a las personas que la acompañan en el camino y de reconocer que nadie transita ese proceso completamente sola. En sus compañeros, amigas, profesores, profesoras y en Bienestar Universitario encontró apoyos que le permitieron derribar barreras y construir vínculos que hoy considera fundamentales para permanecer.
Esa experiencia también la llevó a asumir nuevos retos. Actualmente es una de las coordinadoras del semillero de investigación Prexia, de la Facultad de Minas, un espacio donde se desarrollan proyectos de investigación, consultorías y emprendimientos con sentido social. Cuando ingresó a la universidad nunca imaginó que ocuparía ese rol de liderazgo; hoy lo asume como una oportunidad para inspirar a otrxs: para ella, liderar no es solo guiar un grupo de personas, sino motivarlas a creer en sus capacidades y a crecer colectivamente.
Parte de su experiencia universitaria también ha estado marcada por su discapacidad auditiva. Para Catherine, este aspecto de su vida no define sus límites, pero sí le ha enseñado algo importante: hacerse escuchar. Con frecuencia las personas asumen que necesita ayuda constante o que no puede comprender ciertas situaciones, cuando en realidad —explica— la autonomía también hace parte de su historia.
Por eso insiste en algo: antes de asumir, es mejor preguntar. Las personas con discapacidad saben cuándo necesitan apoyo y cómo pedirlo. Reconocer esa autonomía es también una forma de respeto.
Entre clases, los proyectos, su emprendimiento y las responsabilidades, Catherine también ha aprendido algo que considera esencial para el bienestar: detenerse, leer, escuchar música y conversar con otras personas son pequeños espacios que le permiten cuidarse y recargar energía en medio de las exigencias de la vida universitaria.
Hoy mira su recorrido con gratitud. Permanecer en la universidad, afirma, es una decisión que se toma todos los días. No siempre es fácil, pero implica seguir apostando por los sueños, por el aprendizaje y por la posibilidad de transformar su propia historia.
Y en ese proceso, Catherine lo tiene claro: hacer valer la propia voz también es una forma de liderazgo.