Escudo de la República de Colombia
A- A A+

“Que nuestra voz siga siendo como el río: libre y fuerte”. Así resume Ángela, mujer Tikuna nacida en Leticia, en el corazón de la Amazonía, el sentido de su camino. Estudia Historia en la Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín, hace parte del Colectivo Sabya, es defensora de derechos humanos y estudiante auxiliar en procesos de interculturalidad de Bienestar Universitario. Pero antes de todo eso, se reconoce en su territorio: Leticia, Amazonas y Puerto Rico, Caquetá; una identidad que la formó, la sostuvo y le dio rumbo.

Angela

 

Cuando piensa en volver a casa, recuerda la frescura del Takana, el cristalino de las Pailas y el verde profundo del territorio que la vio crecer. Esos paisajes, afirma, le devuelven la calma. De niña aprendió a lanzarse al río desde los árboles más altos, una experiencia que hoy usa para describir su forma de habitar el mundo con valentía: “quien no se arriesga, no vive”. Ese mismo impulso la llevó desde muy joven a participar en procesos comunitarios, a tomar el micrófono para decir lo que pensaba y a acompañar iniciativas con infancias, comunidades étnicas, campesinas, populares y académicas.

Abrazar su ancestralidad, sin embargo, no fue un camino sencillo. Durante mucho tiempo sintió el peso de los estigmas que recaen sobre los pueblos indígenas y, como muchas mujeres jóvenes, llegó a cuestionar su propio origen. Fue al salir de su territorio y llegar a la universidad cuando comprendió que reconocer su identidad también era un acto de dignidad. Desde entonces, su liderazgo ha estado profundamente ligado a esa convicción.

En el último año, junto a otra mujer indígena, impulsó “Esencia Amazonas”, un proyecto que crea accesorios urbanos con raíz ancestral para mujeres indígenas, desafiando los estándares de belleza coloniales que históricamente han invisibilizado sus cuerpos y rostros. Paralelamente inició un proceso personal de modelaje y fotografía para visibilizar la belleza ancestral desde una mirada propia, orgullosa y política.

Alzar la voz, especialmente siendo mujer indígena, también ha implicado enfrentar resistencias. Ángela y sus compañeras han denunciado las violencias patriarcales, las agresiones contra niñas y mujeres en los territorios y las estructuras coloniales que persisten en distintos espacios. Por hacerlo, ha sido señalada como “rebelde” o “cansona”. Aun así, cuando alguna compañera le dice que ahora ciertos espacios se sienten más seguros, encuentra la certeza de que la lucha vale la pena.

Estudiar Historia ha fortalecido su mirada crítica sobre las estructuras que atraviesan las comunidades y la sociedad. Pero también le ha confirmado que las transformaciones no ocurren en soledad. Por eso creó Sabya, un espacio de encuentro entre estudiantes indígenas y territoriales que trabaja contra el racismo, las violencias territoriales y la folclorización de las culturas ancestrales.

Para Ángela, el bienestar no es solo una experiencia individual: es un derecho colectivo que se construye en comunidad. Implica cuidar el cuerpo, la memoria, la identidad y el territorio. En su mirada, las mujeres indígenas lo han sabido desde siempre.

“Los derechos de las mujeres indígenas nacen de la resistencia, de la memoria y del territorio”, afirma.
Porque, como menciona, el cuerpo también es territorio: sagrado, vivo y digno. Defenderlo, cuidarlo y honrarlo es parte del mismo camino de lucha.

Y en esa defensa cotidiana —profunda y colectiva— su voz sigue fluyendo como el río que la vio crecer: libre y fuerte.