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En la Universidad Nacional de Colombia – Sede Medellín el aprendizaje no ocurre únicamente en laboratorios, bibliotecas o salones de clase. También sucede en los pasillos, en los bazares estudiantiles, en las conversaciones cotidianas y, por qué no, alrededor de una taza de café. Porque en la Nacho también se aprende a tomar buen café.

Esa es la convicción de Sebastián Acevedo Salazar, estudiante de novena matrícula de Zootecnia y uno de los emprendedores universitarios que, con el acompañamiento de Bienestar Universitario, está transformando la manera en que se vive el café dentro del campus. Su meta es clara: que la comunidad universitaria no solo consuma café por rutina, sino que comprenda su origen, valore sus procesos y reconozca el trabajo que hay detrás de cada grano.

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Del suroeste antioqueño al campus del cuidado 

La historia de Sebastián comienza en el suroeste antioqueño. Hispania, un pequeño municipio entre montañas, guarda los recuerdos de su infancia y de su familia. Más adelante, en 2022, su familia adquirió una finca en la vereda El Barsino, en el municipio de Pueblo Rico (Antioquia). Allí inició un proceso de aprendizaje que transformó su vida.

Decidió pausar sus estudios durante casi un año para dedicarse por completo a comprender el cultivo y la producción del café. Aprendió de campesinos y productores experimentados. Entendió los tiempos de fermentación, el secado, la selección del grano y la importancia del cuidado en cada etapa. Descubrió que el café no es solo un producto agrícola, sino un universo técnico y cultural.

Hoy trabaja con diferentes procesos como el lavado, el honey y el natural. “No son sabores, son procesos que desarrollan perfiles distintos”, explica. El lavado, tradicional en Colombia, resalta limpieza y claridad en taza. El honey conserva parte del mucílago, aportando mayor dulzura. El natural permite que el grano conserve características más puras del fruto. Para Sebastián, el café excesivamente oscuro y amargo no es necesariamente mejor; la calidad está en el equilibrio, en las notas y en el respeto por el origen.

Emprender para permanecer

Su proyecto no creció solo. En la Universidad encontró escenarios clave para fortalecerlo. Los bazares estudiantiles organizados por Bienestar Universitario le han permitido comercializar, dialogar con otros emprendedores y recibir retroalimentación directa de la comunidad. Además, ha participado en procesos de formación en desarrollo de marca y espacios institucionales como Noches UNAL.

“Bienestar ha sido un impulso económico y de conocimiento, pero también un apoyo para permanecer”, afirma. Y cuando habla de permanencia no se refiere únicamente a continuar matriculado, sino a poder estudiar con tranquilidad. Permanecer es no tener que abandonar el proceso académico por dificultades económicas; es poder concentrarse en clase sin la angustia de los gastos; es encontrar en la Universidad un espacio que acompaña los proyectos de vida.

Sebastián considera que el campus ha fortalecido estos escenarios de emprendimiento, porque generan integración y comunidad. En los bazares no solo se vende: se conversa, se escucha música, se cruzan historias. El emprendimiento se convierte en experiencia cultural.

Café, cultura y comunidad

Hablar de café en la Universidad es hablar de territorio. Es reconocer el trabajo de las familias campesinas. Es entender que detrás de una taza hay procesos biológicos, decisiones técnicas y apuestas económicas. Pero también es cultura: es memoria, es identidad, es encuentro.

Sebastián insiste en que la Universidad puede convertirse en un referente de consumo consciente. Que aprender a diferenciar un proceso, a identificar notas o a valorar la trazabilidad también es educación. Que así como se forman profesionales en ciencias, ingenierías o artes, también se puede formar criterio frente a lo cotidiano.

El café, además, tiene impactos positivos cuando se consume con moderación: puede contribuir a la memoria, ayudar a regular el metabolismo y aportar beneficios cognitivos. Pero más allá de lo biológico, el café es conversación. Es pausa. Es comunidad.

Un campus vivo

La historia de Sebastián no es solo la historia de un estudiante que emprende. Es la muestra de que el campus es un espacio vivo donde convergen conocimiento, territorio y bienestar. Donde el acompañamiento institucional permite que las ideas crezcan. Donde la permanencia se construye también desde lo económico, lo cultural y lo humano.

En la Nacho no solo se forman profesionales; se fortalecen sueños. Se articulan saberes rurales con conocimiento académico. Se construyen redes entre estudiantes que quieren transformar su realidad.

Y en medio de todo eso, también se aprende a tomar mejor café.

Porque en la Universidad Nacional de Colombia – Sede Medellín el aprendizaje tiene aroma a montaña, sabor a territorio y sentido de comunidad.